VÍSPERAS DE SEMANA SANTA

El sábado 21 de marzo quedó el Señor de la Universidad entronizado en el paso y esa misma tarde se celebró en el Juramento un precioso concierto por parte de la orquesta y coro salesianos Auxilium Christianorum, bajo la dirección de Sergio Serrano Cañas. Interpretaron un variado repertorio de motetes que abarcaban desde Solís o Mozart, hasta Fauré, Kodaly o Frisina, entre otros, incluyendo las hermosas Siete Palabras de Rosal Nadales.

La actividad cofrade se multiplica en los días previos a la Semana Santa, tanto en el ámbito del culto como en el de los actos culturales, con exposiciones fotográficas, presentación de libros y revistas o conciertos. Todo ello culmina el Domingo de Pasión con el Pregón de Semana Santa. Celebrado el 22 de marzo en el Gran Teatro, presentó como novedad la puesta en escena, con el pregonero en medio del escenario, flanqueado a modo de tribunal por las autoridades civiles y eclesiásticas, como se hace en Sevilla y algunas capitales del entorno. Este año vivía por primera vez esta experiencia el señor obispo, Monseñor Jesús Fernández.

Había gran expectación, dada la brillante carrera del pregonero, el periodista Eloy Moreno, en este tipo de expresión literaria. Fue presentado por Rafael Carmona, con intensa emoción, tras los sones de la Banda de la Esperanza. El pregonero no defraudó a nadie, con uno de los pregones mejor construidos desde el punto de vista cofrade, en el que mediante una prosa poética hizo un recorrido por cada uno de los días de la Semana Santa cordobesa, llegando al extremo de fervor popular cuando, al referirse a la Reina de los Mártires, tuvo unas sentidas palabras para las víctimas del terrible accidente ferroviario de Adamuz. El público le tributó uno de los aplausos más largos que se recuerdan en los últimos años.

Luis Navarro

Al glosar el Martes Santo, dedicó las siguientes palabras a nuestros queridos Titulares:

“La capital embelesa la vista la tarde del Martes Santo con la hermosa estampa del Señor Crucificado, con ese milagro de Miñarro, que, al contemplar el sufrimiento de Cristo, el cofrade, compungido y apenado, tiene que refugiarse en los brazos de una madre que consuele su llanto. María, la de la Presentación, quien sabe cómo mirarte encuentra en ti el sosiego de ese precioso semblante que mira un poquito de lado, como queriendo alejarse del sufrimiento de un hijo que muerto lleva delante.”