INICIO DEL CURSO DE FORMACIÓN
Suspendido en marzo el curso 2019-2020, a causa del estado de alarma por coronavirus, se inicia éste de 2020-2021 con evidente preocupación ante la fuerza expansiva que, según estaba anunciado, mantiene la pandemia. Hemos iniciados los cultos de cada mes, los segundos domingos, en este caso el día 11 de octubre, con las debidas precauciones de mascarilla y distancia de 1,5 m. Para evitar aglomeración ante la capilla de nuestros Titulares en el canto de la Salve Regina, al final de la Santa Misa, se ha sustituido por el rezo de la misma, presidiendo el celebrante, D. Fernando Lavirgen, desde el altar mayor y vueltos todos hacia la capilla donde se venera Nuestra Señora de la Presentación.
Como es habitual, el día anterior, sábado 10 de octubre, se ha celebrado la primera charla del curso de formación, que ha estado a cargo de nuestro hermano mayor, Alberto Villar Movellán, quien desarrolló el tema “El escultor Juan de Mesa. 400 años de Jesús del Gran Poder”. Siendo el insigne artista de Córdoba y el ponente de Sevilla, hermano también del Gran Poder, explicó NH que consideraba el momento oportuno para recordar en la Hermandad Universitaria, no sólo al artista, sino también el ambiente social y artístico en que se genera la extraordinaria imagen del Señor de Sevilla, de la que se cumplió el día 1 de octubre el IV centenario.
Perfiló el conferenciante la Córdoba donde nació Juan de Mesa, en la parroquia de San Pedro, y la Granada en la que, según su opinión, pudo pasar una temporada el joven artista en sus años oscuros. Explicó algunos caracteres de los artistas granadinos, especialmente Pablo de Rojas y los hermanos García, que, a pesar de las diferencias que existen entre ellos y a partir de algunos grabados de Durero, han podido influir en la estética que introduce Mesa en Sevilla, tan distinta a la de Montañés, sobre todo en el concepto de las cabezas de Cristo.
Describió seguidamente el marco urbano en que discurrió la vida de Mesa en Sevilla, así como el ambiente social de aquella ciudad, enriquecida en el XVI, que comenzaba a manifestar los signos de decadencia en los comienzos del XVII, precisamente cuando llega Mesa al Puerto de Indias, para realizar su aprendizaje con Martínez Montañés. A partir de 1610 el escultor está realizando imágenes que denotan un estilo diverso, dentro de los seguidores de Montañés, y en 1613 casa con María de Flores, lo que indica una posición social distinta y, probablemente, un interés compatible con la posesión de un taller propio, a pesar de que no se han encontrado obras documentadas hasta el San José con el Niño de Fuentes de Andalucía, en 1616.
En el lustro más fértil de la actividad del maestro cordobés, entre 1618 y 1623, se sitúan las obras culminantes de 1620, como la entrega del Cristo del Amor y la realización de Conversión y Buena Muerte, imágenes éstas que darán lugar a secuelas tan importantes como el crucificado del Colegio Imperial, hoy en la catedral e la Almudena, y el de la Agonía de Vergara, obra culminante del escultor.
En este contexto surge el encargo de Jesús del Gran Poder, versión del camino del Calvario, que parte de la sublimación que hizo Montañés en el de Pasión, pero humanizándolo en la poderosa tensión del esfuerzo y dulcificándolo en su bondadosa mirada, que con tanta facilidad llega a quienes se acercan a él, hasta el punto de haberlo convertido en el Nazareno más venerado del orbe católico. Su éxito se ve rápidamente reflejado en el encargo del Jesús Nazareno de La Rambla, en el que el maestro esmeró aún más su gubia.
Asistieron a la charla, además de los hermanos, representantes del grupo de peregrinación de la Hermandad, así como conocidos cofrades de San Rafael, del Sepulcro y del Caído, y periodistas especializados y antiguos alumnos del profesor Villar Movellán, a todos los cuales la Hermandad agradece fraternalmente su presencia.
El 14 de septiembre, como es habitual, da comienzo el curso la Hermandad Universitaria, con la celebración de la Santa Misa, que estuvo presidida por el consiliario de la Hermandad, Ilmo. Sr. D, Fernando Cruz-Conde y Suárez de Tangil. Prestaron servicio de acólito Bernard Huamán Báez y Pablo Fernández Grande, seminaristas del Redemptoris Mater San Juan de Ávila.

Septiembre es mes de excelencias marianas, en torno a la Natividad de Nuestra Señora y los Dolores de la Santísima Virgen. Con las dificultades propias de las restricciones que impone la pandemia de coronavirus, va comenzando el curso en las hermandades, que tiene su preámbulo en las celebraciones dedicadas a Nuestra Señora de la Fuensanta, Compatrona de Córdoba y Patrona de las Hermandades y Cofradías. Este año se han suspendido las procesiones, pero se han celebrado sus cultos con la solemnidad requerida. En las vísperas, el lunes 7 de septiembre, tuvo lugar el pontifical presidido por D. Demetrio Fernández González, obispo de la Diócesis, que dedicaron a Nuestra Señora las Hermandades y Cofradías de Córdoba, con asistencia de los miembros de la Agrupación y de las Hermandades, representadas por sus hermanos mayores, así como de numerosas instituciones civiles y militares. Nuestra hermandad estuvo representada por el hermano mayor, Alberto Villar.

Solicitados presupuestos a siete empresas, se presentaron cuatro. El jueves 3 de septiembre se reunió la Junta de Gobierno para deliberar sobre las ofertas presentadas, optando por la más conveniente y asequible a las previsiones económicas de la hermandad. Finalmente, el sábado 5 de septiembre se formalizó el correspondiente contrato de reforma, firmado por el jefe de obra Antonio Barrón y el hermano mayor Alberto Villar, en presencia de N. H. Daniel Luque. Deo gratias.
Esencialmente el proyecto contiene, en las proporciones reducidas que permite la planta, todo lo necesario para la hermandad, algo así, salvando las distancias, como ideó San Pedro de Alcántara en el Conventito de El Palancar, en Pedroso de Acim. Por la derecha, donde hoy tiene el local la puerta, se entraría a un vestíbulo, que comunicará con el oratorio, dedicado a nuestro Titular Santo Tomás de Aquino, el cual se cierra, mediante un tabique plegable, para separar el presbiterio del resto de la estancia, que servirá también como sala de oficiales y de formación. A la izquierda de la sala se abre una puerta que da paso al cenáculo, un pequeño espacio de convivencia con barra y servicios. Comunica éste con el almacén de los pasos, que ocupa toda la esquina del local, entre las calles Montero y Velasco. En el rincón de la derecha, al fondo, se sitúa la escalera, que baja a la planta de sótano, donde está previsto que se custodie el archivo y la ropería, así como todo el ajuar de la hermandad que dio servicio en la casa de Samuel de los Santos.