ALTAR DE VENERACIÓN
Para paliar las circunstancias provocadas por la pandemia de coronavirus, que impiden realizar la acostumbrada estación de penitencia, han surgido en las hermandades los llamados altares de veneración, que permiten mostrar de modo especial las sagradas imágenes titulares en los días de Semana Santa.
La Hermandad Universitaria ha presentado a sus imágenes sagradas, el Santo Cristo de la Universidad y Nuestra Señora de la Presentación, formando un calvario simbólico, a partir de la iconografía del Stabat Mater, la Virgen al pie de la cruz, según el antiguo himno del siglo XIII: “De pie la Madre dolorosa, llorosa junto a la cruz mientras colgaba el Hijo. Cuya ánima gimiente, contristada y doliente atravesó la espada”. Nuestra Señora de la Presentación, que contempla la espada que le anunciara el anciano Simeón, comprueba ahora, como Corredentora, el cumplimiento de la profecía. Viuda, con el Hijo muerto ignominiosamente, rota en su soledad.

La reina Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II, encargó al escultor Gaspar Becerra una imagen de vestir, que fue engalanada con el traje de la camarera mayor de la reina, María de la Cueva y Toledo, condesa viuda de Ureña. La imagen se destinó al convento de mínimos de la Victoria, en Madrid, donde fue bendecida por el obispo de Cuenca, que luego lo sería de Córdoba, fray Bernardo de Fresneda, en 1565. Venerada como la Soledad, la imagen se hizo tan famosa, que constituyó el modelo para todas las dolorosas en España y los dominios españoles. Tras la Desamortización de 1836, pasó a la Real Colegiata de San Isidro, donde se quemó en el incendio de la iglesia el 19 de julio de 1936.
Sobre el manteo interior de señora, la Virgen viste cuerpo, basquiña y manto, confeccionado por el equipo de cámara de la hermandad sobre patrones del sastre y matemático guipuzcoano Juan de Alcega, de 1589. Se completa el atuendo con las tocas blancas de lino, propias de las viudas nobles, más largas cuanta mayor categoría social.
Como en el Calvario no cabe más que la corona de espinas de Cristo, ejecutado como rey de los judíos, María, Reina de Cielos y Tierra, se despoja de su corona imperial, al modo en que se ve a la emperatriz María de Austria, hermana de Felipe II, viuda del emperador Maximiliano II de Habsburgo, en el retrato de las Descalzas Reales por Juan Pantoja de la Cruz. Lleva la Virgen en la mano derecha el sudario de lino, de idénticas medidas al Santo Sudario de Oviedo, que serviría para cubrir la cabeza del Señor, todavía en la cruz. Presenta un nudo, como lo describe el evangelista San Juan en el sepulcro vacío y como se representó en el arte bizantino desde los más antiguos iconos conservados.
En su soledad contó María con la ayuda de las Santas Mujeres, que se ocuparían de la sagrada mortaja, y, especialmente de su sobrino

Juan, el discípulo amado, que narró puntualmente aquella tragedia y recibió el encargo del Maestro de cuidarla como madre, a la vez que María lo recibió como hijo, y con él, a todos nosotros, seguidores de Cristo. San Juan está representado al pie de la cruz por un pedestal, que sostiene el farol, símbolo de la luz de Cristo que Juan nos transmitió. Del mismo cae el simulacro de la Sábana Santa, la rica tela de lino labrada en espiga, que trajo José de Arimatea para amortajar al Rabí.
Y en el centro, nuestro Salvador, el Santo Cristo de la Universidad, que realizó Juan Manuel Miñarro, siguiendo estrictamente las medidas antropométricas y las lesiones del Hombre de la Sábana Santa de Turín. El altar se formó con los respiraderos del paso de Cristo y sus cuatro hachones, en posición de costero, clavada la cruz en el antiguo calvario y adornado, como de costumbre, con estatices morados, símbolo de pervivencia, y laurel, símbolo de la victoria sobre la muerte.


















Celebró la Hermandad Universitaria la fiesta de su titular, el Santo Doctor Tomás de Aquino, con las precauciones establecidas a causa de la pandemia de coronavirus. Por acuerdo de la Junta de Gobierno, de 22 de enero de 2021, se adelantó la hora de la Santa Misa a las seis de la tarde, de modo que los hermanos pudieran volver con tiempo a sus casas antes de las ocho, hora de recogida recomendada por las autoridades. Igualmente, se colocó este año el cuadro de Santo Tomás en el altar de la capilla, sencillamente adornado, para evitar que los priostes formaran grupo.


A pesar de las restricciones impuestas por la circunstancia de la pandemia de coronavirus, se han celebrado también este año los cultos de Nuestra Señora de la Presentación, cuya fecha recae el 21 de noviembre, viernes.
La Misa Solemne se adelantó este año a las 18:00 horas, para acomodarse mejor al horario de cierre del comercio general, decretado para esa misma hora durante los días que dura el confinamiento parcial. Los hermanos y asistentes a la ceremonia lo hicieron con mascarilla y guardando la distancia establecida. Presidió la función el consiliario, Ilmo. Sr. D. Fernando Cruz-Conde y Suárez de Tangil, asistido por dos seminaristas del Redemptoris Mater en el servicio de acólitos. La música corrió a cargo del organista Emilio Arroyo, que interpretó al teclado, por encontrarse en restauración el órgano Pilat del Juramento. Presidió la mesa el hermano mayor, Alberto Villar, acompañado por D. Manuel Cuenca Sánchez, vocal de secretaría de la Agrupación, y en los bancos de invitados, el hermano mayor de San Rafael, D. Manuel Laguna, y los representantes de las hermandades del Remedio de Ánimas y del Prendimiento.
En la procesión de entrada, hizo estación el celebrante en la mesa de oficiales, para proceder a la bendición del nuevo crucifijo, donado por el profesor D. Juan Manuel Miñarro López, que reproduce a escala el modelo en barro que le sirvió para tallar el Santo Cristo de la Universidad. En el mismo acto recibieron la bendición las medallas para imponer a los hermanos y un cuadro del Santo Cristo, destinado al colegio de la Trinidad. A continuación, se encendieron los codales de la mesa.
Tras la homilía, hicieron los hermanos pública protestación de fe, dirigida por NH. Miguel Rodríguez-Pantoja Márquez, y a continuación recibieron la medalla de la Hermandad NN.HH. Fernando Millán, Marina Valdenebro y Concepción Cerezo. Por razones sanitarias se suprimió en esta ocasión la acostumbrada renovación del juramento de Reglas que suelen hacer los hermanos.
Seguidamente el hermano mayor bajó del presbiterio para hacer entrega a N.H. Enrique Garrido del cuadro con el Santo Cristo, impreso en lienzo, que se bendijo a la entrada. Explicó el hermano mayor que se lo entrega por solicitud de su compañero, el profesor Álvaro Garrido, que lo ha pedido para colocarlo en el aula donde da clase, del colegio Trinidad Sansueña. El hermano mayor agradeció el gesto, destacando que es el primer centro de enseñanza donde estará presente la imagen del Santo Cristo de la Universidad. Concluyó la función con el canto de la Salve Regina a Nuestra Señora de la Presentación.